jueves, 9 de septiembre de 2010

La mejor locura era caminar sin sentido ni destino,
avanzar sintiendo el alma florecer, actuar para luego correr.
Escaparme,sí, en ese nivel extremo de remembranza que se hallaba escondido,
que nacía sobre su cuerpo, y el mio dormido.
Cuidabas mis sueños para que no escaparan como yo lo hacía,
y al abrir los ojos allí estabas...
Estabas cómo diciendo "Mírame aunque no me veas" y yo debía callar,
murmurar, y solo con mis latidos emergentes llegar a gritar,
las palabras más duras, cálidas, exuberantes y como siempre fuera de lugar.
Éramos un octavo hermoso pecado que tenía aquel amor reservado
que se presentó con descontrol escudado en la mala hierba,
como queriendo justificar mi deseo ferviente de no pensar.
Es que eras la perfecta hermosa acompañante de esta mente enferma.

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