miércoles, 27 de octubre de 2010

Le llamamos vibraciones a lo que pasa por el estómago, el corazón y el cuerpo en su totalidad, como si fueran terremotos que nos sacuden con delicado desenfreno. Tal como los que devastan, solo que estos nos llenan el alma, mueven cada célula tras la piel, y nos hacen gritar el amor. Sí, gritar. Así que tápense los oídos, porque es una confesión de dos.