miércoles, 4 de mayo de 2011

A veces me cuesta tanto amarte, inmiscuirme en la complejidad de tu niñez, verte desde mi esquina fumar con cara de capricho, y me hallo en punta de pies inhalando tu humo con sonrisa de locura, esperando por tu conciencia sin tiempo. Luego me invitas a tu juego, y me vibran las manos y la voz, entonces te compongo una canción que desespera por tu armonía, y me vibran los labios y el corazón. Entonces de pronto ya no necesito más que saber que te conocí, sin pensar en un vicio insano, sino solo en la particular emoción de verte en la esquina del frente. Finalmente solo existes, y existes para mi, lo que resuelve efímeramente el amor.

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