"Andate a la mierda". Desde que pronunciaste esas cuatro palabras que no dejan de dar vueltas por mi mente, una, dos, cuatro, veinticinco veces, debe ser que nunca había escuchado de nadie decirlas para mi. Debió ser que el espumoso semi sec provocó que el dolor se hiciera más grande y más presente, la última vez que lo había bebido acabé por amanecer junto a ti. Pensé también en que quizás cuatro palabras es mucho para un insulto, pero imagino que me dices solo una como : Puta, pero la sensación sería la misma. Entonces no, ninguna de las anteriores. Sucede que sólo es que eres parte de las personas que más amo, y es eso lo que cala tan hondo, además de que esperé temerosa que nos despidiéramos de una vez, pero nunca de ese modo.
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