La noche nos pones más honestos, no es cuestión de lo lóbrego que puede llegar al ser el cielo, sino de ¿Quién podría mentirle con tal descaro a la luna?. Cuando se encuentran amándose los velos nocturnos, no hay pudor de ser vistos, entonces somos capaces de mirarnos con la totalidad de los sentidos, llámese cognición, o sensibilidad exacerbada. Me ato a mi sombra naciendo de ella, renaciendo de la burla fingida que me petrifica durante el brillo precedido de la mañana. Por mi parte renuncio a separar los días de las noches, a cambio de vivir la vida cierta.
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