viernes, 14 de octubre de 2011

Madrugada

La noche nos pones más honestos, no es cuestión de lo lóbrego que puede llegar al ser el cielo, sino de ¿Quién podría mentirle con tal descaro a la luna?. Cuando se encuentran amándose los velos nocturnos, no hay pudor de ser vistos, entonces somos capaces de mirarnos con la totalidad de los sentidos, llámese cognición, o sensibilidad exacerbada. Me ato a mi sombra naciendo de ella, renaciendo de la burla fingida que me petrifica durante el brillo precedido de la mañana. Por mi parte renuncio a separar los días de las noches, a cambio de vivir la vida cierta.

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