De pronto pude al fin ser, reír llorando y llorar riendo.
Decir todo lo que emana de mi corazón silenciado por tanto tiempo,
no tuve que cuidar a nadie más, ni siquiera a mi.
Morir y renacer en manos tan bien recorridas,
entonces a besar, cantar y bailar comienzo
saber dónde pertenezco
y en qué lugar tan delirante, bajo y fúnebre me hallaba escondida
todo por esa, mi errada y extensa mentira.
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