She.
Esta vez sí hicimos poesía, su cuello se colaba por la piel, sus besos plasmaban adicción por dónde se posaran. Su mano y la mía, se encontraban con afán de quererse, buscaba su espalda desde el cabello, y tan pronto como nadie pudo enterarse, las ansias y el encanto, eran lo único que se interponía entre aquellos, nuestros dos cuerpos. Las risas tímidas, nos hacían poco cobardes, y ya nada tenía que ver con la Kross que aún guardaba recelosa su sabor al final de un beso. Esos, eran los besos que están hechos para no terminar, aquello era más que el reflejo de las madrugadas que nos mantienen despiertas últimamente, y de las continuas formas de esquivarnos las pupilas, ese instante era más que nosotras mismas. No había mundo fuera de su boca. Ella era tan única...bastó que se detuviera un segundo al frente, para hacerme saber que pronto moriría por ella.
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