jueves, 1 de diciembre de 2011

Mía.


 Es sublime el momento en que me encuentro próxima a tu piel, como tu olor conduce a morder mis labios, y como aquello te hace gritar en silencio lo que ambas estamos pensando continuamente. Entonces comienzo a enloquecer al frente a tu cuerpo, intentando buscar un rincón público de ti en donde posar mis dedos, que se aferran como olas al suelo, creando un intenso lienzo entre dos. 
 Diriges mi cuello hacia tu boca, y mis caderas se hacen cómplices e imitadoras perfectas. Me atrapas como si siempre hubieras conocido lo que provocas, te beso, y en nuestras lenguas y sonrisas un caudal se desboca, nunca hubo nada comparado a eso. Perdemos control entre el tacto y la respiración, el tabaco abandonamos, casi por olvido, no importa algo más que el momento vivido. Tus mejillas cálidas, mis palabras deseosas, el silencio adquirido, la revelación de dientes entre los labios. Complaciente y dichosa. Nuestro todo queriendo más de la inmensidad que aquí anidas, que aquí anido. 

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