Y se transformó en la necesidad cuando me miró de tal manera, qué podía avanzar todo aquello que me mantenía petrificada en el mismo lugar. Aún no identifico el instante en el amor se hizo certero, y el titubear quedó en un dejo de conformidad idiotizada, ella fue la conspiración que respondía a todo lo que yo pedía ayer para hoy. Me toma, y me excede a las fronteras que nunca pusimos entre nuestros cuerpos tímidos, la siento tan próxima como si lográramos ser el mismo pez que flota sin extremidades, en la adrenalina que escogemos para respirarnos y retenernos. Me toca y siento abrir los lúgares únicos de equilibrio y desenfreno que nos ata de las piernas, del cabello y de la forma placentera de pegarnos las pupilas. Puedo mezclar su olor y mi sonido que implora su estadía ciega, abrupta, y tan acostumbrada por mi piel. Infunde su lengua, dejando el éxtasis más perfecto que la arrastra hacia mis palabras silenciadas que sólo gritan amor.
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