De pronto estuvimos ahí, las luces nos rodeaban excediéndonos de culpa, nos iluminaban dejándonos al descubierto, entonces nos cayeron mil preguntas sobre qué éramos y qué hacíamos. Callamos, porque todo era erróneo, pero para seguir bailandonos, debíamos saber que había algún grado de certeza en nuestro error. Sus manos tomaban mis caderas, y esto era un acto tan prohibido como las mías rodeando su cuello. Nos limitamos sólo a respirarnos muy cerca, yo sentía su aire en mi cuello y me erizaba la piel, al tiempo que reaccionaba, pensaba en la equívoca mujer que amo. Me volteaba riendo para escapar sin intención de hacerlo, le concedía a su piel que me atrapara otra vez, y no sabía si era más peligroso tenerla de frente o atrás de mi cuerpo. En un par de segundos nada importaba, ni la música,el lugar,ellas, ni siquiera nosotras mismas. Sus labios me rozaban el cuello y casi me rendía. Me detuve a pensar en el amor, y es que yo la hubiera escogido entre todas las cosas del mundo, pero ella no me prefirió a mi. No debí pensarla cuando me sentí feliz.
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