Parece que competíamos por quien invitaba más insectos a la ocasión de las dos, y fuimos solamente dos cubriéndonos del frío que rompía en las ventanas. Éramos dos cuidándonos tan cerca el respirar, confabulando la piel y entrelazando los dedos para disimular. Tu boca era menos limitada y más mía, así mis manifestaciones no se vieron coartadas por esa magia que cohíbe mis sentidos, esa propiamente de ti. El silencio nos asistía, y enmudecidas hablamos como en un viaje interestelar, dónde las vibraciones manejaban cada segundo que nos vio prontamente amanecer.