jueves, 15 de septiembre de 2011

 Lo ilícito me viene a buscar algunas noches, como una droga dulce, una droga que quiero, aún así no deseo, me conduce a lo moralmente incorrecto y siempre satisfactorio. Tiene su ordenanza propia dentro de lo que legitima mi ritmo cardíaco con su siempre arte de dominar, y me gusta, me atrapa y lo atrapo. Entonces jugamos a perseguirnos los pies, nos encontramos danzando y nos despedimos con risas cómplices, culpables, y absolutamente gozosas.