Aún quiero ser princesa para sumergirme en la perfección del amor garantizado, y dejar de ser el error redundante. En cuanto intento, me bajo del carruaje rompiendo los tacones, respiro mi propio sabor a cerveza y mantengo los pulmones gastados de amargo llanto, me limita la torpeza, tengo un sexo desvirginizado y un vestido blanco.
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