Me imagino que cuando suena el timbre serán sus pupilas nerviosas, y no el señor que viene a medir el agua. Incluso cuando voy a dormir confundo su olor con el mio, y es que de tanto imaginarla en mi piel han aparecido marcas de sus labios. Nos separa más que el dolor que me trago de un vaso con dos hielos, soy yo, que me esmero en dejar de necesitarla, y ella, que tercamente no tiene intenciones de abandonar el amor.
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