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miércoles, 8 de octubre de 2008

Estás Detrás




Esta noche no has de saber cuanto te quiero, te reservas allí, tras el telón de nuestra ventana, que nos vigila en el tumulto de nuestro hablar, con o sin palabras.
Tu de un lado, yo del otro.
A veces nos divisamos, creo que al fin podré levantar la tela y abrir el vidrio, respirando el mismo aire que generalmente se nos distingue. Exceptuando las veces que creo compartimos el mismo cielo al que me subes.
Comenzamos nuestra historia sin fecha marcada, ni en tinta, ni en papel. La continuamos con la rareza del sentir casi-inevitable que transcurría crecientemente, más rápido que el tiempo que se nos puso a destinar, más lento de lo que pudimos pensar.
Me sentí la princesa de tu cuento y castillo, del mundo infinito que sueles pintarme en palabras escritas y besos cantados.
No has de saber como te he llegado a querer, lo repito mientras sigo reposando en mi cama a luz del televisor, en un canal sin sonido. Solo mi murmullo que me relata con voz ciega, tal vez sorda, como te he vivido sin llamarte "mi vida".
Así, tal como tu te vuelves recóndita tras lo que encuentras al paso, antes de que pueda llegar hasta tu espacio, cuando inmerses un límite sublime entre lo que pudiera darte de mi y lo que no tengo de ti. Esto mientras dices irónicamente que yo te he enamorado.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Bolsillo Roto


Puedo escribir ahora.
Hablando de anoche y el bolsillo roto.
Cuando dormía y me encontré con su voz perdida de hace varios días,
la que guardaba en el único bolsillo que me restaba sin agujero,
el único sin parche ni desgaste, solo para ella.
Qué la cuidaba y la extrañaba.
Qué aparecía tan linda, tan dulce, apetecible al punto de querer abarcarla enteramente.
Cuando le contaba en su boca la torpeza que me provoca,
con movimientos la inutilidad en la que me inmerso,
porqué se me arranca la lógica e invierte la retórica cuando la pienso
será que nunca en efecto la tengo.
Hacía que fueran indudables las palabras qué verídicamente jamás he dicho,
los besos que nunca he dado de aquella y tal manera.
Hablar de lo in-cierto resulta más sencillo.
Es la escena con más luz dentro del camino de día color gris,
la crónica del lado agraciado, la flor qué deslumbra de color entre otras.
Volver a la realidad casi cruel, donde se tapan hasta las sombras más que negras,
se interpone más de un bardal que a penas permite desplegar los pies, saltar...
llevarnos de este lugar qué nos vió besar y separar,
 tomarnos de la cintura, hablar sin colisionar,
 invitarla como tantas veces y por primera en acierto, a vivirme ahora en un comienzo.
Tenerla como tanto lo anhelo, en desesperación de la homogeneidad de cólera y amor.
El bolsillo ya casi rompe como los otros, a cambiar los pantalones, que lo que duele se descarta.

domingo, 31 de agosto de 2008

Mis abejas de niña*

En mi estómago de niña pican abejas,
pero en el cielo ya no quedaban ni mariposas cuando se aleja.
Porque ella se las lleva cada vez que se va,
sin poder confesarle lo que guardo dentro una vez más.

Hacen ruido, mucho ruido.
Tanto que solo dejan sentir, y no me dejan oír lo que no es posible ,
en este sueño no dormido casi inconcebible.
Mueven sus alas, y se trasladan por mi cuerpo.

Siempre les temí aparecer, pero ahora esto suele pasar
cuando viene ella sin andar, a mi mente la traigo sin su voluntad.
Hay tantas abejas, que no comprendo porqué no dan miel.
Yo quiero ese dulzor incógnito.

Quiero entre nosotras derretir el hielo cruel
indagando en su calor de mujer.
Siento el aire espeso que no aclara el momento,
la noche nos cubre en su acogimiento,

y las palabras se tapan antes de abandonar la boca.


Santiago ilumina a luz tenue el suelo,
o tal vez es al cielo que nos toca.
Pero es el ambiente para el deseo creciente

de mis labios por los suyos
de aquel momento resplandeciente.

Es verdad, esta vez las abejas solo dejan sentir,
sobre las flores de este amor inconcluso que he de vivir.

jueves, 21 de agosto de 2008

Lo que por tí siento.

Oh mujer no preguntes el porqué escribo para ti y no para la que era mi costumbre favorita. Ni preguntes si estas letras te pertenecen, porque me escondería en verguenza, qúe es lo que suelo sentir por ti a veces.
Aquella verguenza guardada: digámosle así al rosado de mis mejillas, su remoto calor, mi expóntanea media sonrisa y mi inquietud sin razón.
Al hecho de pensarte como una posible-imposible que ni me gusta, pero es el magnetismo que llevas dentro de tí ...
Así, a las ganas de verte y caminar a tu lado por horas, sin acariciarte y menos besarte (aunque puede ser intrigante), porque nunca lo he hecho. Si no, llevarnos tomándote del brazo como suelo hacerlo con todos.
Así, a reírme contigo y distrutarte con esta verguenza inexplicable pero descriptible que siento yo por tí.