Así era...solía vigilarla, en silencio y en secreto. Como si mis actos tuvieran el ruido que ella pudiera escuchar. Solía amarla, en desenfreno y quizás sin razón, como si en sentir tanto existiera el tacto que ella pudiera percibir.
Parece que hubiera desperdiciado el tiempo, qué se acaba hoy, mañana, pasado, siempre, es un recurso agotable, y nadie sabe hasta cuando. Lo sé, usé mucho de él, tratando de invertir en palabras, gestos, penas más que suspiros, humillantemente llenaría más de un vaso con agua de iris.
Fue tanto el tiempo, que pude aprenderme sus ojos, sus manos, su cuerpo. Me la sé de memoria, incluso su pelo, aunque lo cambiara mil veces más de color y recorte.
Acabé de decir en muchas ocasiones, Fin, cuando empezaba la palabra y cortamente en milésima de segundo la terminaba. Pero nunca terminé de hacerla real...no de emplearla, porque ella aparecía, y reaparecía para hacerme caer en la locura que nunca me explique. A quién más que a mi se le ocurre explicar la locura.
Como lo conté en tantos escritos, allí en el cuaderno del colegio, allá en un diario confesionario, acá en teclado y pantalla. En las letras que reside la memoria de mis necedades, cuando hundía la cara en la almohada, cuando la miraba y le acariciaba el pelo, cuando dormía pensando en mil formas de re-tenerla, cuando me reprochaba por creerme causal protagonista de su ausencia, cuando le entregaba el alma más que el cuerpo ilegalmente.
Sabía de mi torpeza como de la de ella, de sus errores por día que ni criticables me parecían, visionaba su vulnerabilidad, me consternaba viéndola tan cruda, belicosa, pero tan frágil a pronunciarlo en susurros y tonos tristes.
Hasta ahora no sé que fue lo tan envolvente,¡pero mierda, de qué manera la amé!
Esperaba no se a qué, solo quería dejar de estar allí para sus problemas, su inestabilidad y victima soledad.
Lo lograba, a veces. Frenaba la bicicleta por su camino sin pavimento, me iba de punta a tanta pena, pero era la sanidad que requería de una vez mi vida. Y allí estaba ella otra vez, queriéndome para la mansedumbre de su nombre, y yo que no aprendía una negación. En realidad ella tampoco se iba de mí, así como yo de ella. La diferencia era que yo la amaba.
Busqué un cúmulo de maneras para olvidarla y relegarla. A ella enteramente, del parque que nos ambientó besar, de la cama que nos acomodó, de la silla que nos sostuvo, de la tienda que fuimos a mirar, de la pizza que fuimos a comer, de la música que tomada de la cintura comenzamos a bailar, de los meses que nos jugamos a llamar "amor"..."mi amor".
Me auto-felicito por encontrar la solución de la fórmula. La que no fue un distanciamiento, ni un acercamiento, una costumbre a sus recuerdos, ni la quema de estos...
Repito haber sabido siempre de sus desaciertos y guardaba la esperanza de ayudarla entre tanto que quería darle. Lo que nunca supe, es que no era buena. Lo peor, es que ella tampoco lo sabe, de todos modos ya no seré yo quién se lo diga. Pero darme por enterada de esto, mató en un segundo la mala hierba de amor incesante de crecer, que por meses quise cortar. Solo eso me faltaba, era la pieza precisa de la que nunca imaginé existencia.
Por ella, fue tanto y fue nada. Porque nada más que un par de peluches y una hoja de falsas letras me dejó.
Lo que obtengo de lozanía, entereza y fuerza, me lo gané, solo yo. Ahora no es más que un sarcásmo que nuestra canción dijera siempre en su dulce composición
Al menos, le dije a mi madre que me gustaba una mujer. Al menos, ya no cometo el mismo error.
Son los premios de la competencia que corrí sola. ¿Quién podría ganar sino yo?.
Qué satisfacción saber que esto ni siquiera se le llama "para ella" sin sentir un peso egoísta.
Porque me marché y se marchó.
Parece que hubiera desperdiciado el tiempo, qué se acaba hoy, mañana, pasado, siempre, es un recurso agotable, y nadie sabe hasta cuando. Lo sé, usé mucho de él, tratando de invertir en palabras, gestos, penas más que suspiros, humillantemente llenaría más de un vaso con agua de iris.
Fue tanto el tiempo, que pude aprenderme sus ojos, sus manos, su cuerpo. Me la sé de memoria, incluso su pelo, aunque lo cambiara mil veces más de color y recorte.
Acabé de decir en muchas ocasiones, Fin, cuando empezaba la palabra y cortamente en milésima de segundo la terminaba. Pero nunca terminé de hacerla real...no de emplearla, porque ella aparecía, y reaparecía para hacerme caer en la locura que nunca me explique. A quién más que a mi se le ocurre explicar la locura.
Como lo conté en tantos escritos, allí en el cuaderno del colegio, allá en un diario confesionario, acá en teclado y pantalla. En las letras que reside la memoria de mis necedades, cuando hundía la cara en la almohada, cuando la miraba y le acariciaba el pelo, cuando dormía pensando en mil formas de re-tenerla, cuando me reprochaba por creerme causal protagonista de su ausencia, cuando le entregaba el alma más que el cuerpo ilegalmente.
Sabía de mi torpeza como de la de ella, de sus errores por día que ni criticables me parecían, visionaba su vulnerabilidad, me consternaba viéndola tan cruda, belicosa, pero tan frágil a pronunciarlo en susurros y tonos tristes.
Hasta ahora no sé que fue lo tan envolvente,¡pero mierda, de qué manera la amé!
Esperaba no se a qué, solo quería dejar de estar allí para sus problemas, su inestabilidad y victima soledad.
Lo lograba, a veces. Frenaba la bicicleta por su camino sin pavimento, me iba de punta a tanta pena, pero era la sanidad que requería de una vez mi vida. Y allí estaba ella otra vez, queriéndome para la mansedumbre de su nombre, y yo que no aprendía una negación. En realidad ella tampoco se iba de mí, así como yo de ella. La diferencia era que yo la amaba.
Busqué un cúmulo de maneras para olvidarla y relegarla. A ella enteramente, del parque que nos ambientó besar, de la cama que nos acomodó, de la silla que nos sostuvo, de la tienda que fuimos a mirar, de la pizza que fuimos a comer, de la música que tomada de la cintura comenzamos a bailar, de los meses que nos jugamos a llamar "amor"..."mi amor".
Me auto-felicito por encontrar la solución de la fórmula. La que no fue un distanciamiento, ni un acercamiento, una costumbre a sus recuerdos, ni la quema de estos...
Repito haber sabido siempre de sus desaciertos y guardaba la esperanza de ayudarla entre tanto que quería darle. Lo que nunca supe, es que no era buena. Lo peor, es que ella tampoco lo sabe, de todos modos ya no seré yo quién se lo diga. Pero darme por enterada de esto, mató en un segundo la mala hierba de amor incesante de crecer, que por meses quise cortar. Solo eso me faltaba, era la pieza precisa de la que nunca imaginé existencia.
Por ella, fue tanto y fue nada. Porque nada más que un par de peluches y una hoja de falsas letras me dejó.
Lo que obtengo de lozanía, entereza y fuerza, me lo gané, solo yo. Ahora no es más que un sarcásmo que nuestra canción dijera siempre en su dulce composición
Al menos, le dije a mi madre que me gustaba una mujer. Al menos, ya no cometo el mismo error.
Son los premios de la competencia que corrí sola. ¿Quién podría ganar sino yo?.
Qué satisfacción saber que esto ni siquiera se le llama "para ella" sin sentir un peso egoísta.
Porque me marché y se marchó.

4 comentarios:
nosé que decir
quedé pal pico
o sea todo lo que escribiste, todo eso, es como si yo lo estuviera escribiendo, hoy he pensado mucho en eso... me meto aqui, i lo escribiste, la weá
tu y yo deberiamos hablar más, o nosé, quizas no, quizas si hablaramos más no nos encontrariamos con tantas sorpresas
(:
eso es porqe todo en algun momento decidimos partir u.u
pucha necesito mostrarte algo,porqe se qe tu tendrás algun comentario sobre eso :B
Ara es raro, porque yo fui parte de aquellos momentos, indirectamente claro, pero te conocí justo en el momento en el que empezaba todo.. Que bueno que estés bien ahora, es súper importante lo que ganaste de esto y bueno eso, te quiero un montón, a pesar de que ya no tengamos contacto. Besitos <3
Perdón nunca fué mala.
Al menos sirvió creerlo por un tiempo.
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