Ayer pisé un puente, se mecía con férvor y suave ambiguedad.
Osilaban mis pies al andar con frío corporal, de ardientes días confusos.
Recordé que las nubes siempre fueron blancas, solo que a veces tenían trajes grises y otras color cielo...
mirar hacia arriba no hacía perder rumbo, guíaba caminos y producía un despertar perplejo de la realidad.
¡Qué real era el aire!, ¿Qué impureza de cuerpo lo pudo tiznar?, para que fuere inhalado como es...
Verídico como ella envenena vidas, trasgrede con pasión la armonía del amor.
Ayer, creí que existía suelo más a fondo aún de la tierra, amarraba flores de su sembrada locura que embriaga con su olor.
Ella desnudaba su piel, simulaba ser un tanto más de placer sonoro, agudo, gestual y siempre suave.
A veces desnudaba el coétaneo mundo que llevo, otras se viste de pasado en hiel, amarga y asqueante.
Dí uno de esos paseos solo para saber que tan lejos podía ir, hasta dónde podia mirar, sentir, dormir despierta, correr, saltar, palpar..
Solo supe que no la extraño tanto como ayer, y que los puentes terminan al llegar al otro lado.
